La cultura pampeana transita una línea temporal que se inicia en la Prehistoria. Es La Pampa prearaucana, la de los cazadores y recolectores transhumantes que dejó un legado al que solo podemos asomarnos por el trabajo de los investigadores.
Los legados más cercanos a nuestro tiempo corresponden a la pampa araucanizada, después del proceso de transculturación que se completó hacia fines del siglo XVIII.
Junto a la araucanización, en forma esporádica y en hechos puntuales, llega la influencia hispano criolla, a la que se suma la de otros países europeos, que se torna contundente cuando La Pampa se mensura y se dispone la tierra para la explotación agropecuaria.
El poblamiento actual responde a una complejidad que reúne lo criollo aborigen y lo europeo. Su pluralidad hoy se manifiesta en expresiones muy amplias que abonan a la conformación y consolidación de su patrimonio basado en lo natural y en lo autóctono.
La cultura pampeana ha ido encontrando su fisonomía a través de una diversidad de idiomas, costumbres, ideas. Así, el desarrollo de las expresiones artísticas –artes, literatura, artesanías- también logró una marcada expansión, nutriéndose en las raíces regionales, pero admitiendo siempre una síntesis con lo universal y con las manifestaciones de vanguardia.
Así se perfila la PAMPEANIDAD, sobria por sus orígenes, ruda por su crecimiento, agreste por su medio, rica por los variados aportes.
La Gente:
La Pampa está revestida de una historia poco conocida, pero que se mide en centurias, milenios si se remonta a la prehistoria. Por La Pampa transitaron los primeros habitantes de América del Sur, siguiendo las inmemoriales rutas del agua y allí vivieron su epopeya los grandes cacicazgos de tronco Mapuche, Salineros y Ranqueles que jalonaron y condicionaron la historia argentina en el siglo pasado.
La cocina pampeana:
La comida es uno de los rasgos más sobresalientes. La cocina pampeana tiene como plato tradicional el asado criollo a leña de piquillín y con cuero. Es también frecuente la carbonada de origen español y los pucheros, infaltables en la mesa pampeana.